
Un amigote me regaló, “La vida soñada de los Ángeles”, después de verla, salí a caminar por la calle y confirmé que la sonrisa femenina, no solo conmueve, si no que también alegra la vida, nada como ver esos los ojos brillantes, océanos de vida por donde se manifiesta el espíritu de donde venimos y del que estamos hechos todos.
Veo pasar mujeres, veo para abismos, veo ríos que contienen el cielo y se nutren de la tierra.
Las veo, una a una, dar pasos que me hablan de universos múltiples y ahora al llegar a la casa, mientras abro las puestas siento un cierto olor manzanilla, para ser exactos a Chamomilla, que anuncia el rito del encuentro con una cándida sonrisa.
Erick Zonca y su relato sencillo me permitieron un viaje asombroso que nace en lo cotidiano y se desarrolla en un mundo interior sin prejuicios morales.
El amor sin condiciones se hace tan puro que trasciende incluso nuestras propias vidas.
Ahora, cuando algún momento del día se pone difícil, solo pienso en la sonrisa con olor a manzanilla y los ángeles me hablan de sus sueños y yo me pongo a soñar con ellos.